Cómo ser más inteligente en mi labor policial

¿Acaso pensabas que no es posible ser más inteligente? Claro, nos han hecho pensar que lo que tenemos en nuestra infancia es lo que hay… Pues hoy vengo a contarte que es posible, que nuestra inteligencia emocional es una habilidad flexible y que podemos aprenderla a lo largo de nuestra vida. Eso sí, cuanto antes lo hagamos, mucho mejor.

Así como nuestra personalidad y nuestro coeficiente intelectual (CI) son estables, nuestro coeficiente emocional (CE) puede mejorar si lo entrenamos adecuadamente. De hecho, está demostrado que incluso un CE alto conduce a mayores casos de éxito profesional y personal que un CI alto.

¿Y qué supone ser más inteligente emocionalmente?

Supone que somos capaces de reconocer y entender nuestras propias emociones (cuando estoy triste, cuando siento vergüenza, felicidad, ira o miedo…), y también las de las demás personas. Además, somos capaces de utilizar lo que sabemos sobre las emociones para gestionar nuestro comportamiento y mejorar nuestras relaciones profesionales y personales.

Vale. ¿Cómo consigo eso? A continuación, te lo cuento:

Es el primer paso antes de ir a las siguientes habilidades, pues es necesario ser conscientes de nuestros sentimientos para poder controlarnos en las diferentes situaciones que se nos presentan.

Reconocer nuestras propias emociones cuando se producen nos permitirá saber cómo acostumbramos a reaccionar en las situaciones que vivimos cada día, en nuestro trabajo y en nuestra vida.

Algo fundamental es la honestidad a la hora de reconocer cómo nos sentimos, y ser valientes nos ayudará a lograrlo.

Poco a poco, podemos ir dándonos cuenta de cuáles son nuestras cualidades, positivas y negativas, y de este modo alcanzar nuestro máximo potencial.

Así es, cuanto más nos conozcamos, mayor será nuestro nivel de satisfacción con la vida, es decir, tendremos mayores posibilidades de lograr nuestros objetivos, tanto en el ámbito laboral como personal y familiar.

Cuando conocemos bien cuáles son nuestras emociones y cómo reaccionamos ante las diversas situaciones que se nos presentan, entonces podemos entrenar nuestra capacidad para elegir activamente lo que digo y lo que hago, es decir, actuar siendo conscientes de cómo responderemos ante nuestras emociones.

Esta habilidad nos permitirá controlarnos en situaciones difíciles, reaccionar más rápido a los cambios o tomar la iniciativa para lograr nuestros objetivos (y no esperar que se vaya a solucionar solo).

Algunas de las estrategias más efectivas son:

  • Respirar correctamente. Sí, sí. De forma consciente.
  • Compartir con alguien nuestros objetivos, que además nos ayudará a conseguirlos mejor, créeme.
  • El clásico “contar hasta diez” (o veinte…)
  • Sonreír y reír mucho más de lo que lo hacemos, sin necesidad de excusas
  • Imaginarnos haciendo las cosas del modo en que nos gustaría.
  • Cuidar el modo en que nos hablamos (diálogo interior)
  • Reservar en nuestro día a día, momentos para recargar nuestras pilas, por pequeños que sean, notaremos la diferencia.
  • Y hablar con alguna persona que no esté implicada emocionalmente en la situación que nos preocupa, evitando especialmente a quien nos dará la razón sólo por ser quienes somos.

Con todo el trabajo previo que hemos hecho, ya estaríamos en disposición de poder identificar y comprender cómo se sienten las demás personas.

Para ello lo más importante es que escuchemos y observemos lo que cada día pasa a nuestro alrededor, en cualquier tipo de situación, con nuestros cinco sentidos.

Para escuchar adecuadamente debemos evitar hacer cosas que nos gusta hacer mientras estamos escuchando (por ejemplo, mirar el móvil), seguir nuestro monólogo interno, anticiparnos a lo que la otra persona nos va a decir (completar sus frases, como si supiéramos mejor lo que le pasa), o pensar en lo que vamos a contestar (elaborar nuestra respuesta nos impide escuchar, sí, no podemos hacer las dos cosas a la vez, ni tú ni yo).

Algunas de las estrategias más efectivas son:

  • Algo tan sencillo como llamar a las personas por su nombre.
  • Observar su lenguaje corporal
  • Observar cómo se gestionan las emociones en las películas o series
  • Organizar nuestro barullo mental
  • Planificar nuestras reuniones (laborales o sociales), sabiendo quién va a estar, de qué hablaremos…
  • Confirmar que lo que hemos observado es tal cual pensamos que es, preguntando directamente
  • Ponernos en el lugar de otras personas, pero pensando como lo harían ellas, esto es, desarrollar nuestra empatía
  • Y la que más me gusta, vivir el momento, pues no hay mejor momento para experimentar algo que queremos experimentar que ahora mismo.

Llegado este punto, ya solo nos falta ser capaces de gestionar nuestras interacciones y relaciones con éxito, teniendo en cuenta la calidad, intensidad y el tiempo que queremos dedicarle a la otra persona.

Nos ayudará si somos capaces de sacar algo bueno de todas las relaciones, especialmente de las que nos han resultado más difíciles.

Las claves son una comunicación clara y una gestión efectiva del conflicto.

Algunas de las estrategias más efectivas son:

  • Esforzarnos por mejorar nuestro estilo de comunicación natural.
  • Evitar hablar con ambigüedad, dando lugar a confusiones innecesarias
  • Decir más por favor, gracias y lo siento
  • Desarrollar nuestra confianza, poco a poco
  • Reconocer los sentimientos de las demás personas
  • Explicar nuestras decisiones. No significa justificarnos, sino hacer comprender que hemos tomado una decisión sabiendo lo que hacemos
  • Reconocer las cualidades positivas de las personas, y decírselo
  • Ser valiente para abordar conversaciones difíciles. Mejor abordarlas que sentir angustia de forma indefinida

Como has podido imaginar, son muchos los beneficios de entrenar nuestra inteligencia emocional. Aquí te traigo los que me parecen imprescindibles en tu trabajo como policía:

  • Tomar decisiones más adecuadas, atajando las dudas y siendo consciente de las alternativas disponibles
  • Organizar mejor tu tiempo, teniendo un mejor desempeño con los mismos o menos recursos
  • Aumentar tu tolerancia al cambio
  • Ganar seguridad en ti misma o en ti mismo
  • Mejorar tu empatía, pero guardando la distancia emocional necesaria en tu trabajo
  • Comunicarte de forma más eficaz, tanto con tu equipo como con la ciudadanía
  • Ofrecer una mejor atención a la ciudadanía
  • Gestionar tu ira. Enfadarte porque así lo decides, no porque te has descontrolado.
  • Tener más confianza y mostrarla (que otras personas lo vean)
  • Ser más responsable con lo que toca en cada momento, sin escaquearte de aquello que te preocupa o te da miedo
  • Ser más flexible con las demás personas y contigo
  • Y por supuesto, tolerar mejor el estrés, descubriendo los recursos que ya tienes para superarlo y ganando otros nuevos.

Si crees que es interesante para ti aumentar tu inteligencia emocional para tu labor policial, puedes reservar conmigo una sesión de valoración gratuita para que podamos conocernos, me cuentes cuál es la situación que te preocupa, y podamos decidir conjuntamente la forma en que puedo ayudarte a conseguir lo que quieres.

Desde Supervisoni te mando mucho ánimo y te doy las gracias por tu interés mostrado hacia mi contenido, y, sobre todo, por tu dedicación a la labor policial.

Hasta pronto.

Sonia Guerrero.

Fuente: Bradberry, T. y Greaves, J (2012): Inteligencia emocional 2.0. Estrategias para conocer y aumentar su coeficiente. Conecta.

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